Si hay algo que me llama la atención son las biografías. Las librerías están repletas de ellas, de gente que por alguna razón, ha conseguido hacer algo lo suficientemente importante como para que su vida aparezca en un libro. Y no sólo reyes, científicos o políticos, sino también cantantes y futbolistas pueden presumir de ser los protagonistas de su historia plasmada en papel.
El periodista, como casi siempre en la sombra, es el medio para transmitir las vivencias del personaje y divulgarla a cientos de personas. Pocas personas se preguntarán cómo ha podido conceder esas entrevistas o cuándo tiempo habrá pasado delante de los escritos: la vida de la estrella está escrita y lo que importa es que por fin se puede acceder a ella. Pero en la labor periodística no sólo hay que informar, sino que hay que conseguir que esa información resulte atractiva para el lector. ¿Cuántos sucesos habrán pasado desapercibidos porque el lector no ha conseguido llegar hasta el final de la noticia? Y es que la forma de transmitir la información es incluso más importante que la propia información. Una noticia con un titular que cautive, un texto perfectamente construido y un buen final hacen que la información sea atractiva y que el ciudadano, al finalizar la lectura, tenga la satisfacción de haber aprovechado su tiempo leyendo aquellas líneas.
Este cuidado hay que tenerlo especialmente en la prensa, medio en el que el lector puede saborear más la noticia. En cambio, la radio o televisión por sus características ofrece la información de forma breve y concisa. Las noticias de estos medios sirven para que el ciudadano sepa que ha ocurrido un suceso, pero apenas podrá dar detalles ni hacerse una idea de los motivos. En cambio, en prensa el exigente lector se recrea en cada palabra, en cada línea. El mérito del periodista está en que el ciudadano lea más allá del titular y la entradilla, cautivándose por un texto desde el principio hasta el fin.
En el otro extremo se encuentran las noticias vacías de contenido que pretenden –y consiguen- captar la atención de cientos de personas. En el caso de la televisión, todos conocen el polémico y afortunadamente desaparecido programa Aquí hay tomate, que conseguía cada día cautivar al público con noticias irrelevantes. En su divulgación utilizaban una retórica sutil como si fueran a informar de un gran secreto, ponían música sugerente, presentaban imágenes vulgares que definían como inéditas… Hacían uso de infinidad de recursos para que la audiencia no se percatara de que en realidad no veía nada productivo.
Estos recursos también se utilizan en el medio escrito sobre todo en la elaboración de revistas. La portada utiliza titulares sugerentes que aparentemente ofrecen una información en exclusiva cuando en realidad se trata de un reportaje de un tema que carece de importancia.
Es cierto que es más fácil captar la atención del público con la entrevista o la publicación de un libro a un personaje conocido. Pero todo el mundo, las personas anónimas, el vecino, el padre, un primo lejano, el vendedor ambulante que ves todos los días pero nunca reparas en él, todos tienen una historia que contar, una historia interesante, una historia que merece la pena leer. Sólo hay que escuchar y saber escribir sobre ella.